ACERCA DE ESTA OBRA
En esta obra queremos dar a conocer el trabajo de las diferentes congregaciones desde sus inicios y trabajo evangelistico a través de “MEDIO SIGLO” de historia, hemos recopilado informes de diferentes fuentes que fueron parte esencial en el desarrollo de la iglesia, agradecemos al hno. Lloyd E. Ellis aunque el ya no esta entre nosotros, pero nos dejo una reseña histórica desde su punto de vista desde 1957 hasta 1982, y nos hemos dado a la tarea de continuar y preservar la historia de la iglesia aquí en Tijuana, agradecemos a todos los que aportaron su granito de arena para realizar esta “Reseña Histórica”, esperamos con el favor de nuestro Padre Celestial completar esta obra incluyendo a todas las congregaciones del Estado de Baja California, en una tercera edición.
Que Dios nuestro Padre les prospere en todo, y siga iluminando su camino.
Arturo Ríos Pantoja.
1957 - 2007
Introducción
El presente le introducirá a los esfuerzos realizados por medio siglo, comenzando en 1957, predicando el evangelio a la gente de Baja California, especialmente a Tijuana.
El Dr. Lloyd E. Ellis, un nativo de Tenessee E.U.A (nacido cerca de Covignton, sept. 1 de 1900), pero quien creció en el suroeste de Arkansas, se casó con Bessie Buttler mientras asistía al colegio de predicadores en Durant, Oklahoma.
Ellos vinieron a Fresno, Ca. en 1937, donde él predicó para la congregación de Palm y Dennett y después trabajó en varias iglesias desde San Francisco hasta el sur de California. Ayudó a iniciar un número importante de congregaciones nuevas. En 1950 se le pidió ir a Dallas, TX., a escribir artículos y editar la serie de lecciones bíblicas conocida como Gospel Treasure (Tesoro del Evangelio). Mientras hacía esto, también predicaba en la congregación de Pleasant Grove.
Ellos vinieron a Chula Vista en junio 12 de 1953, donde él sirvió en el ministerio para la iglesia de Chula Vista por más de 7 años. En 1957, no había congregación registrada de la iglesia en toda la Baja California. Tijuana, que está a sólo 17 millas del centro de San Diego, cruzando la línea internacional, con comercios para turistas, el “JAI ‘ALAI”, los toros, el hipódromo, tiendas y curios y otros varios atractivos para el visitante, era una ciudad de algunas 250,000 personas en ese tiempo, población compuesta por algunos ricos, varias familias de clase media como doctores, maestros, comerciantes, etc. Y mucha gente en gran pobreza, algunos de ellos viviendo en chozas hechas de cartón.
Los miembros de la iglesia de Chula Vista, habiendo construido un edificio de adoración en el 231 en la Cuarta Avenida, comenzaron a buscar la forma de ayudar a otros, y en 1957 sus ojos voltearon al campo de trabajo en México, especialmente a Tijuana, a sólo 10 millas de distancia.
Habiendo oído de los esfuerzos del grupo de Pepperdine College, el hno. Ellis e Ivan Mayer de la Av. Cuarta en Chula Vista, Ca. llevaron alguna ropa a Tijuana y visitaron la casa de la señora María Ramírez, localizada en el fondo del río, donde se realizó la reunión. Esta zona era conocida como “las Junglas”.
Rubén Chávez, un mexicano de nacimiento que había asistido al Colegio Cristiano de Abilene y casado con una americana, estaba entonces viviendo en Pacific Beach y trabajando en la planta de “Convair Aircraft.” Él tenía planeado iniciar una congregación hispana en el área de San Diego, pero la respuesta no fue motivadora. Aprendió del esfuerzo en Tijuana del hno. Elbridge Linn, quien estaba predicando para la congregación en El Cajon Blvd. en San Diego, y visitó el grupo de reunión en casa de la hna. Ramírez. Ellos consintieron en reunirse los domingos con el hno. Chávez para la adoración. Después, María pidió que las reuniones fuesen en algún otro lugar. (Es difícil reunirse en casas en México pues la gente teme que las iglesias se apropien de sus inmuebles).
La hna. Rosa Esparza (viuda de Silva y madre de María) ofreció su hogar allá abajo en “las Junglas”, y las reuniones se celebraron allí, usualmente en un espacio del tamaño de un carril entre los edificios que tenían gallineros, conejeras y traspatios Algunas 200 personas se reunían en aquellos tiempos, llenando el espacio y llegando hasta la banqueta. Definitivamente se requería un mejor lugar para las reuniones y se enviaron cartas a las congregaciones del área de San Diego, en un esfuerzo por colectar dinero para obtener este local.
Muy pronto se recibieron unos $1,700 dlls. y fueron puestos en una cuenta de banco en Pacific Beach. En Tijuana se inició la búsqueda de un lugar para las reuniones o de un terreno en donde construir. Los hermanos Ellis y Chávez manejaron por todas los cerros de Tijuana buscando esto. La mayoría de los lugares en venta eran muy costosos o cuando se sabía que se usaría para la iglesia, la oferta era retirada.
El hno. Chávez se había retirado del trabajo un tiempo y se sugirió que se consiguieran fondos para ponerlo a predicar en Tijuana por $100 dlls. a la semana. Salieron cartas de la oficina de la iglesia en Chula Vista a muchas iglesias del Condado y los fondos comenzaron a llegar el 30 de abril de 1958. En seis semanas se había prometido lo suficiente ($383 por mes) para permitir que el hermano Chávez renunciara a su trabajo. Los $100 semanales requeridos pronto fueron cubiertos. Él rentó un apartamento en San Ysidro cerca de la frontera. Más tarde compró un apartamento en Imperial Beach. Él comenzó a predicar tiempo completo en Tijuana el 1 de junio de 1958 y permaneció así por 5 años (del 1 de junio de 1958 a julio 1 de 1963).
Éstos fueron venturosos años. No hay suficiente espacio para mencionarlos con mucho detalle. Los hnos. Ellis y Chávez continuaron buscando ubicaciones hasta que consiguieron terrenos y las iglesias comenzaron en el centro y en los lados sur y oeste de Tijuana, y en Rosarito, Ensenada y Mexicali.
El trabajo en Rosarito comenzó en un hogar en el ’58, y cuando se ofertó un terreno, los Ellis consiguieron el dinero para esto, así que se construyó un pequeño inmueble de 22 x 36 pies. El terreno se compró a nombre de Rubén Chávez, ya que los extranjeros no podían obtener bienes inmuebles en Baja California.
Durante esos primeros años, cientos de miles de dólares fueron donados por un gran número de iglesias e individuos, principalmente de California, pero también de todo el oeste del país. La iglesia de la 4ta avenida en Chula Vista aportó miles de dólares a las misiones en México durante ese tiempo y continuó ayudando a las iglesias y a sus predicadores año tras año. Un volante titulado “Tijuana Worker“ (Trabajador de Tijuana) publicado en Chula Vista, con sus primeras ediciones al principio de 1958, solía proveer información y solicitaba apoyo al trabajo. Este folleto se siguió publicando vez tras vez durante los siguientes 20 años.
Hay algunas repeticiones, pero pareció lo mejor para incluir los artículos en conexión con las localidades y personas involucradas.
Muchos otros trabajadores en ambos lados de la frontera tuvieron parte en el trabajo y hay muchos otros eventos no mencionados, pero se espera haber escrito lo suficiente para traerles una mejor imagen del trabajo que ha sido hecho e indicarles los potenciales si el trabajo continúa, tal como rogamos en oración que sea.
Algo que ha venido forzadamente a nuestra atención es esto: en los primeros días los niños venían a las clases y a la adoración en condiciones penosas y sucias muchas veces. Fue notable como después iban limpios y bien vestidos esos pequeños. (El hno. Ellis vio como el evangelio limpia a las personas por dentro y por fuera). Y es aún más para reflexionar cuando uno sabe en que situación vivían ellos. Muchas veces, toda el agua de uso era la que guardaban en unos barriles o pilas de concreto que eran abastecidas por “pipas”. (Esta no era agua para tomar, el agua potable se compraba aparte en garrafones).
TRABAJO BENEVOLENTE
Mucho del interés en los esfuerzos de las misiones en Baja California, especialmente en Tijuana, durante los primeros años se centraba en las fases de benevolencia del trabajo. Cientos de toneladas de ropa, comida, enseres menores, bancas, sillas, etc. se entregaron a la gente de las iglesias en B. C. Mucho de esto fue entregado en autos, pick-ups y camiones, pero mucho se llevó directo a la iglesia en la calle 4ª, en Chula Vista, y se contrataron camiones mexicanos para la cruzar la mercancía a Tijuana y distribuirla.
Muchos de los trabajadores podrán recordar varios de los problemas que se enfrentaron en este esfuerzo. Uno de estos ocurrió en el ’66, cuando la frontera se cerró al cruce de ropa usada y muchos autos fueron devueltos de la frontera. (Esta acción se debe quizás a la oposición mostrada por comerciantes locales de ropa usada). Pero bajo la protesta de los vendedores de ropa usada de Tijuana, la prohibición fue levantada en junio y se pudo enviar ropa usada de nuevo. Alguna fue enviada a Chula Vista desde otros estados y las iglesias en California enviaron y repartieron estos artículos necesitados. Muchos lo hicieron así por largo tiempo y vale mencionar al hno. Earl Douglas, de Los Ángeles, quien ayudó a reunir y distribuir más de cien camiones cargados de mercancías.
Como se esperaba, algunos sólo iban a la iglesia a recibir las dádivas materiales, como algunos seguían a Cristo sólo por los “panes y los peces”; pero a pesar de esto, muchos pobres recibieron ayuda y muchos de ellos también recibieron a Cristo, aprendieron la verdad sobre el evangelio y se hicieron cristianos.
Años después se puso menos énfasis en estas actividades materiales. Como el hermano Ellis dijera: “Se podría dar un millón de dólares a la gente en Tijuana, pero al día siguiente algunos aún querrán más. La necesidad más grande es el evangelio y que se les enseñe a como ocuparse de ellos mismos”.
PATROCINIOS PARA IGLESIAS Y PREDICADORES
En los primeros años no había nadie más que recibiera las donaciones para la construcción de los edificios y los apoyos a los predicadores, ya que se envió la ayuda a Chula Vista, como ya se había mencionado.
Al inicio de los sesentas, se hicieron peticiones a las iglesias de California para que se encargaran de la ayuda a las iglesias y predicadores en Baja California. Por alrededor de diez años, estas peticiones continuaron hasta que cada predicador o iglesia fue contactada con alguna iglesia de California. Para enero de 1972, esto se había completado y, finalmente, el hno. Ellis y el hno. Evans se libraron de tanto trámite y compromiso y así pudieron tener más tiempo para dedicarlo a las fases de la educación en la obra.
Esto dio lugar a una conexión más amplia entre obreros y quienes los apoyaban, trayendo como resultado el mejoramiento de la obra.
Ha habido varios cambios, no sólo de predicadores, sino también de las ubicaciones de las iglesias, así como de quienes están patrocinándoles. Nosotros sentimos que el Señor ha bendecido a aquellos que ayudan a la obra en todo este tiempo y que los esfuerzos en México han dado retribución en estos años, así que se espera confiadamente que el trabajo continúe creciendo y se incrementen los resultados de apoyo y cooperación.
VIAJES
Como el contacto personal es esencial si las personas en la iglesia van a ser informadas, para que así desarrollen el interés en la obra, los supervisores y coordinadores de los esfuerzos en Baja California, especialmente los hnos. Ellis y Evans, hicieron muchos viajes entre las congregaciones de California y de otras áreas, mostrando películas y folletos para explicar el trabajo en México.
No sólo eran viajes hechos para obtener apoyo para el trabajo, sino otros viajes se hicieron en México para obtener también la cooperación. El viaje más largo fue hecho por los hnos. Evans, Ellis, Figueroa y Harrison Fait, en 1970. Ellos salieron de Chula Vista el 8 de julio de 1970, a realizar un viaje de un mes, manejando por México unas 4,000 millas. Contactaron a predicadores y a otras personas en algunos treinta puntos, llevaron folletos del trabajo y del viaje para mostrarlo a otros más adelante, y también ofrecieron motivación a los obreros de los lugares que visitaban.
Este viaje dio como resultado que más estudiantes vinieran al Instituto de Tijuana y motivó a las iglesias en México a usar los materiales didácticos que eran preparados por los hermanos de la iglesia en la avenida Morse de Sacramento.
El hno. Evans y el hermano Ellis continuaron haciendo tales viajes, hablando con muchas iglesias en el Oeste de E. U., especialmente en California, pero también en otros estados.
VIAJES GUIADOS EN BAJA CALIFORNIA
No sólo se visitaron iglesias en E. U., sino que también algunos particulares fueron movidos a venir a Tijuana a ver por ellos mismos el trabajo que estaba siendo hecho. Desde una o dos personas, hasta un grupo de seis u ocho carros llenos de jóvenes y adultos eran guiados en viajes por varias iglesias en Baja California y al Instituto.
CRECIMIENTO
MOTIVOS DE CRECIMIENTO:
En el “Tijuana Worker” de octubre del ’64 se citó a alguien diciendo que se había logrado más en 7 años en la Baja California, que en muchas partes del resto de México en tantos años anteriores. Esto era cierto debido, en gran parte, al apoyo de algunos norteamericanos que habían brindado apoyo constante.
CRECIMIENTO Y AUTOAYUDA
Al principio, casi todos los mexicanos, incluidos la mayoría de los predicadores, necesitaban ser entrenados e instruidos, no sólo en asuntos bíblicos, sino en todo lo demás.
Tras siglos de sujeción, la gente común no estaba acostumbrada a tomar la iniciativa en nada. Estaban acostumbrados a que se les dijera que hacer y, por falta de educación, los predicadores podían tener impacto sólo con los más pobres e ignorantes. Con el apoyo de los obreros de E. U., muchos comenzaron a aprender a hacer cosas por ellos mismos. Pocos ejemplos serían útiles para comprender esto.
La iglesia central tenía sólo piso de concreto en un principio, pero cuando el edificio del lado oeste se estaba terminando, el piso de madera se tuvo que cubrir con loseta acrílica y los miembros de la iglesia central quisieron que su piso se cubriera igual. Ellos comenzaron a ahorrar dinero para ayudar a comprar el material y colocarlo.
Cuando la iglesia del lado este iba a ser construida, algunos de los hombres que vivían de hacer y vender ladrillos rojos dieron muchos para el edificio y ayudaron a cavar un pozo de agua también.
Muchas de las iglesias en Tijuana habían estado pagando sus propios gastos de los servicios como agua, energía eléctrica, etc., etc.
Se requería una camioneta en la iglesia del lado oeste para traer gente a la reunión. El hno. Lozano, el predicador, buscó y encontró una por $2,600 dll.s y los miembros reunieron los primeros $300 dlls. La iglesia de la calle “L” les prestó $2,300 dlls. y ellos pagaron la mayor parte de la deuda con abonos de $80 dlls. por mes. (Unos $480 dlls. restantes fueron pagados por un grupo de voluntarios en la misma iglesia de la”L”).
Un aspecto motivador de la obra es el gran interés mostrado por los jóvenes y el apoyo dado a ellos.
En julio 24 al 26 de 1979, se celebró en Torreón una reunión anual de jóvenes, con el apoyo de los maestros de la escuela de predicadores y de los obreros de las iglesias. Algunos 500 ó 600 asistieron a estas reuniones y se bautizaron unos 40 ó más. La 4ta reunión de este tipo se celebró en Tijuana, en julio 22 al 25 del ’80. Cuatro de los jóvenes ministros del lado oeste habían sido los responsables de la organización y coordinación de esta reunión. Ellos hicieron un trabajo espléndido motivando a la iglesia en San Felipe a invitándolos a organizar su 1ra reunión Regional de Jóvenes en mayo 1 y 2 de 1981. Con más y más jóvenes siendo bautizados y tomando participación en la adoración y trabajo de las iglesias, sentimos que la iglesia en México continuará avanzando.
PROGRAMAS DE RADIO
En 1963, un programa de radio se planeó para Tijuana y varios de los predicadores mexicanos recibieron entrenamiento en la preparación de discursos apegados a los tiempos de la radio. El programa estuvo al aire por algún tiempo. Algo de esta capacitación preparatoria se realizó en la oficina del hno. Ellis. Como los locutores de la radio saben, el tiempo es estrictamente medido. Un incidente simpático ocurrió durante esta capacitación y práctica. Se suponía que estos hombres cronometrarían sus discursos a un tiempo de 14 minutos. Uno habló solamente 9 minutos y se detuvo. El resto de los presentes dijeron: “Muy bien, hiciste la invitación TRES veces”.
En 1977, los predicadores de Tijuana hicieron otro esfuerzo por si mismos, al pagar el tiempo al aire con contribuciones de sus propias congregaciones.
Aunque estos programas no duraron mucho, los esfuerzos hechos por estos obreros en Baja California son motivadores.
AYUDANDO AL NECESITADO
Los miembros de las iglesias en Baja California no sólo están cubriendo sus propias necesidades, sino también ayudan a otros en necesidad, tal y como se reportan algunos “incidentes” en otras partes de esta historia.
CAMPAÑA EVANGELISTICA EN EL VALLE DE SAN JOAQUIN CALIF.
El hermano Josué Carrillo, de Guadalajara, México, fue llamado a predicar en una campaña cubriendo el área de Deli, Hugson, Stockton, etc., en California, en el verano de 1973. Él estuvo en un programa de televisión la semana del 28 de mayo y luego predicó por las noches en español. Los sermones en inglés eran impartidos por Jimmy Allen. Tres de nuestros predicadores de Tijuana: Valentín Ramírez del lado oeste, Isaías Villa del lado este y Agustín Alonso de La Mesa en Tijuana, ayudaron haciendo visitas para invitar a la reunión. Muchos hispanos fueron bautizados. Este resultado también mostró lo valioso de nuestro programa de entrenamiento.
HUERFANOS
Aun en los primeros años había interés en ayudar a los niños huérfanos y abandonados en la Baja California.
Una Casa de la Esperanza estaba localizada a pocas millas al sur de Tijuana, por la ruta a Rosarito. Varias visitas se hicieron a este orfanato, se les llevó ropa y, por un tiempo, se realizaron servicios con sermones impartidos por algunos de nuestros predicadores. Se esperaba que miembros de la Iglesia de Cristo se pudiesen hacer cargo de sostener el lugar, pero la mujer a cargo de éste se rehusó a esta intención.
Por algún tiempo se cuidaba un grupo de niños en Rosarito, justo frente al edificio de la escuela, así como otro grupo fue cuidado en un hogar en Tijuana por algún tiempo. Pero ninguno de estos casos duró un periodo largo.
La idea de tener una casa-hogar para niños manejada por miembros de la iglesia no fue del todo olvidada; un grupo de individuos interesados tuvieron éxito en esta empresa.
La “Ciudad de los Niños” fue fundada por Earl y Sue Farmer. Al inicio de los años ’70, una organización no lucrativa se formó con una barra directiva, y la primera casa-hogar fue abierta por ellos en un poblado cerca de Ensenada, en enero del ’72. Estaba ubicada en un terreno de 60 acres, una milla al este de la carretera Tijuana-Ensenada sobre la carretera a Tecate. En la entrada está un letrero que dice “Rancho Coronita”. En marzo del ’76, una segunda casa-hogar fue donada al “Rancho Coronita” por alguien que no quería ya operarla. Este segundo lugar está localizado al sur de Ensenada, por el camino a Maneadero, tiene un área de 114 acres de tierra y cuenta con instalaciones para cuidar a 100 niños. Algo de la comida que se requiere se cultiva en este mismo lugar.
Un folleto llamado “Manos al cruzar la frontera” se publica para mantener a varios donadores informados del trabajo. Earl Farmer es el encargado y administrador, y él con su esposa han vivido en este hogar gran parte de su tiempo. La dirección en E. U. es: CITY OF CHILDREN P.O. Box 418, Yorba Linda, California 92686.
Grupos provenientes de varias iglesias visitan el lugar de vez en vez y no sólo se dona mucho dinero, sino que equipos de trabajo construyen mucho de los edificios que se requieren en este hogar. La adoración es dirigida regularmente y los niños se van bautizando conforme van creciendo. Algunos han asistido al Instituto de Tijuana. Dos de nuestros predicadores han estado trabajando en hogares. Samuel Vázquez, en Coronita, y Lupe Vázquez en el otro.
Se han conseguido fondos para estos menesteres a través de cenas de caridad y otros diversos medios.
INICIANDO OTRAS CONGREGACIONES
Las primeras congregaciones en Tijuana fueron iniciadas con la influencia y ayuda de los hermanos de E. U., pero al menos para este tres congregaciones han iniciado por si mismas y esto es muy alentador; así que se espera que a medida que el trabajo progrese, más y más de estas congregaciones se inicien por si mismas y que Tijuana sea concebida como el centro de la expansión del evangelio.
En este año (1982), los predicadores están donando su tiempo en reorganizar el Instituto y las iglesias de Baja California lo están patrocinando con apoyos económicos.
Las iglesias no sólo están aportando dinero al Instituto y a causas locales, sino también han enviado ayuda a otros lugares necesitados en el interior de la República Mexicana.
La gente que ha oído el evangelio y ha sido bautizada en esta área se ha ido a otros lugares de México y luego ha llamado solicitando ayuda desde sus nuevas localidades. Todo esto indica crecimiento, por lo cual estamos agradecidos con Dios.
PROBLEMAS
Muchos problemas se encuentran siempre en el trabajo de misiones y ha habido muchos en la misión de México. Algunos ejemplos podrán indicar lo que ha sido enfrentado por los obreros en Baja California.
Mientras la iglesia se reunía al lado de la casa de la Hna. Silva en la Zona Norte (las Junglas), una banda mexicana vino a tocar su música ruidosamente en la calle de al lado para distraer al orador. Cierta ocasión que hicieron esto, el predicador les sugirió que cantaran y lo hicieron por una hora o dos horas, y cuando al final la banda se retiró, él se puso a predicar.
DIFERNECIAS PERSONALES
Cuando la gente trabaja en conjunto, normalmente existen roces y diferencias. Aquí en los EE. UU. esto ocurre entre miembros de congregaciones e incluso con predicadores, condenándose unos a los otros y viviendo en espíritu de rencor año tras año. Asimismo ha ocurrido en México. Cierta vez en Tijuana, dos familias de predicadores estaban teniendo problemas relacionados con los hijos de ambas partes. Para esto, el hno. Ellis los reunió y, cual si fuera el “abuelo”, les hizo ver que actuaban como los niños, quienes a veces pelean, pero luego siguen jugando y olvidan lo ocurrido. Pero esto no pasa con los adultos.
En otra ocasión hubo una acusación de conducta irreverente y, como se esperaba, se dijeron muchas palabras hirientes. Se tuvo que organizar una junta para aclarar las cosas, en ésta se exoneró al acusado. Cada uno de los presentes ofreció una oración personal, y después de esto se abrazaron en señal de aceptación y continuaron el trabajo en unión. El hno. Ellis observaba como los obreros mexicanos solucionaban sus diferencias y después continuaban viviendo y trabajando juntos más prestos que lo que se hacía en EE. UU.
AYUDANDO UNOS A OTROS
En caso de enfermedad, muerte, o algún siniestro, es muy motivador el ver a los miembros de la iglesia apoyando a los que están en infortunio, aun en cosas que podrían estar fuera de su alcance.
Un caso que debería recordarse es el de aquella mujer que comentaba que su vecina no tenía vestido y que ella tenía dos, así que le regaló uno de éstos y así, ambas tendrían un vestido que ponerse. Con los roperos llenos, la gente en EE.UU. muchas veces no podía imaginar en que condiciones de pobreza se vivía del otro lado de la frontera.
Año con año se transportaba ropa y comida de California a la Baja Ca. para ayudar a los pobres y es muy motivador como los hermanos mexicanos también se ayudan unos a otros cuando están en necesidad.
VANDALISMO Y FALSAS ACUSACIONES
Ha habido algo de vandalismo contra las instalaciones de algunas iglesias. Por ejemplo, cierta ocasión alguien rompió las ventanas de la iglesia central y traspasó para “grafitear” el área de la mesa de la comunión. En Ensenada, antes de la construcción del templo, el predicador (joven y soltero) fue llevado con engaños a la habitación donde estaba una joven quien sospechosamente cerró la puerta y un adulto llegó inmediatamente acusando al joven de conducta deshonrosa contra la joven y amargándolo con que debería casarse con ésta. Él pudo demostrar su inocencia, pero hubo que removerlo para evitar la vergüenza de la iglesia. Este incidente fue deliberadamente planeado para desprestigiar a la iglesia.
En otra ocasión, un hombre estaba recibiendo $20 dlls. al mes para trabajar en la obra en el lado sur, pero se reportó que él no permitía que los hermanos recibieran la comunión. El hermano Ellis tuvo que decirle a Rubén Chávez que se deshiciera de esa persona, lo que se hizo inmediatamente.
En toda esta obra, muy poco hostigamiento se ha manifestado de quienes se oponen al evangelio en Tijuana, pero una manifestación se puede mencionar cuando el 20 de mayo de 1963, durante el tiempo en que se reunían los varones para ser capacitados para la obra en la oficina de la iglesia central, los hnos. Ellis, Evans y Bill Brown, con Rubén Chávez presente, fueron visitados por algunos oficiales de inmigración, quienes los previnieron acerca de sus actividades en México. No se presentaron cargos al respecto en contra de ellos, pero se les sugirió que estaban “interfiriendo en la vida privada de los individuos”. Se les preguntó a estos oficiales que si habría algún problema en enseñar la Biblia a la gente y estos contestaron: “No, pero tengan cuidado”. Nada más fue dicho en contra de que predicasen el evangelio en este país.
LA ESCUELA INDUSTRIAL
Una escuela industrial operaba en el lado oeste de la ciudad, en la colonia Alemán. Rubén Chávez había hecho esfuerzos en el ’62 para tener control de ésta; capacitó a jóvenes en oficios industriales y al mismo tiempo les enseñó la Biblia a diario. Este fue un esfuerzo en vano, ya que él suponía que obtendría ingresos de la gente en Tijuana, así que dicho esfuerzo falló. (Ellis ya le había comentado que no dependiera de él para conseguir apoyo por parte de las iglesias en California para esta empresa). Hubo comentarios muy favorables de algunos en Tijuana, pero algunos oficiales manifestaron oposición complicando el asunto y por esto no se materializó. Tampoco Rubén pudo enseñar de la Biblia en ese lugar. De hecho, él hizo un petición especial a algunos en California para que lo liberaran de este problema. Él buscó fondos para pagarle a los maestros y así devolverle la escuela a la ciudad ese mismo año.
INCIDENTES
Durante este periodo de veinticinco años han habido numerosos incidentes que recordar, algunos son motivadores, mientras que otros son desalentadores.
EL AGUA DE VIDA.
Un cálido día de agosto del ’63, Ellis llegó en su auto a la iglesia central, abrió la cajuela y estaba a punto de beber un fresco sorbo de agua cuando una pequeña de unos 3 ó 4 años, que estaba con un grupo de niños, levantó la mirada y dijo: “Agua”. Se les dieron varias tazas de agua a estos niños. Este incidente ha sido usado para ilustrar que no sólo los niños en México, sino también los adultos están sedientos del “agua de vida”. Ellos necesitan a alguien que se la lleve. Jesús dijo: “Vayan y enseñen”, “como ustedes vayan, enseñen...” (Mateo 28:19). Frecuentemente vamos a algunos lugares, pero sólo ir no es suficiente, tenemos que enseñar el evangelio a donde vamos.
BAUTISMO EN LA BAÑERA.
En los primeros días, antes que hubiese un lugar de reunión en Tijuana, una mujer de la 3ra edad (de unos 80 años), al escuchar el evangelio, quiso ser bautizada. Ella estaba demasiado enferma como para salir de la casa e ir al mar, como lo hacían otros. Pero una familia tenía una de esas bañeras, así que un grupo de hombres fueron en un pick-up a traer la bañera a casa de esta mujer. Mientras traían la bañera, los vecinos calentaron agua y ella fue bautizada en esta tina. Ella comentó que le gustaría conservar la bañera, pero se le dijo que ésta debía regresar a sus dueños. Entonces ella pidió que al menos le permitieran la bañera sólo para tomar un baño en esa agua diciendo: “Yo siempre he querido bañarme en una tina”. Ellis recordó entonces como, cuando era niño, por mucho tiempo en la granja, la familia se tenía que asear en cubetas o pequeños tinacos y algunas veces los hombres bajaban al arroyo a bañarse.
CAMINAR OCHO MILLAS
Cierta ocasión, después de la construcción de la iglesia central, un visitante de Imperial Valley se quedó conversando con el hno. Ellis en la entrada y se comentó que una mujer caminaba 8 millas para asistir a la reunión. Este visitante preguntó: “¿Por qué no hay otros lugares de reunión, para que la gente no tenga que caminar tanto?”. La respuesta: “Dinero y obreros”.
Ambas cosas vinieron con el tiempo, al grado de que se han multiplicado las congregaciones en Tijuana. Algunas 10 congregaciones son las que hay ahora y se necesitan más, ya que la ciudad crece rápidamente y existen muchos problemas de transporte. Se requieren iglesias en sus propias colonias o áreas.
CLASES EN LA CABAÑA
Año tras año muchas clases bíblicas se han realizado en hogares de la gente, con las familias de los hermanos y con muchos vecinos como visitantes; en ocasiones, teniendo una asistencia como de 100 personas.
En la primavera del ’65, el hno. Ellis asistió a una reunión en un hogar en el lado oeste, dirigida por Daniel Montejano. Tres sillas fueron traídas de la casa del predicador, Benito Flores, y otras las prestaron los vecinos. Algunos 16 vinieron a esa clase. El clima estaba frío. Había estado lloviendo y el agua se coló bajo la puerta y hasta el cuarto usado como cocina, sala y recámara. El piso de tierra estaba mojado. Un niño sin pantalones entró después de andar jugando afuera, su mamá lo envolvió en su mandil y se lo sentó en el regazo. Nadie prestó atención a esto, la clase siguió sin interrupción.
ACTITUDES CATOLICAS
Cierta ocasión, los hermanos Lozano, Evans y Ellis fueron a ver a un abogado para cierto asunto legal. Él no pudo ayudar con eso, pero comenzó a hablar de su religión. Él aseveró: “Yo soy católico, pero odio mi religión”, luego dijo: “Ustedes (quizás refiriéndose a todos los protestantes), vienen acá y ayudan a los pobres, pero el cura tiene la mano extendida para pedir dinero todo el tiempo”.
Alguien le dijo al hno. Ellis: “Ud. debería ir al sur de México a debatir con los católicos”. La respuesta fue: “No, la gente necesita el evangelio”. Cuando el hno. Ellis estaba estudiando en Saltillo, conversaba con otro estudiante que hablaba inglés, francés, alemán y español, al cual le gustaba leer su Biblia en francés. Un día, sentado en la biblioteca de la escuela de idiomas, tomó algunos libros y los acomodó en círculo y dijo que le había hecho una pregunta al sacerdote, la cual éste contestó diciendo: “Es un misterio”, y esta misma respuesta dio a otras preguntas. Él dijo: “Me siento rodeado por misterios” como estos libros en el círculo. La gente necesita la verdad, por que es lo se encuentra en la Biblia, lo que puede hacer a los hombres libres del pecado. (Juan 17:17 y 8:32).
AYUDA Y COMPACION
Cierta ocasión que el hno. Ellis estaba mostrando a algunos visitantes las distintas fases de la obra en Tijuana, y luego de visitar el lado sur, estaban regresando por el cañón, y como el camino estaba en reparación, había mucha tierra rocosa amontonada por el camino. El conductor golpeó una roca y una barra se soltó de la dirección del auto. Un mexicano se orilló, se acercó con su caja de herramientas, se metió bajo el carro e instaló la varilla de vuelta en la dirección y así pudimos continuar el recorrido. ¿Qué hubiera pasado en EE. UU?
Otro incidente mostró la consideración de algunos mexicanos. Mientras los trabajadores estaban colocando el emplaste en el edificio del lado sur, Ellis notó una parte sin emplaste y preguntó que sucedía. Los trabajadores explicaron que un pajarillo tenía su nido allí y que no rellenarían esa parte hasta que los pajarillos pudieran volar y dejaran este nido.
BAUTISMO POR PETICION
En el “Tijuana Worker” de mayo del ’68, el hno. Ellis escribió esto: “Hace algunas semanas, la suegra del predicador en el lado oeste me solicitó que la bautizara. Yo he estado enseñando una clase de adultos en el lado oeste los domingos por la mañana y vino a mi a solicitar que la bautizara yo personalmente. Cada domingo, en las cinco iglesias de Tijuana y en la de Rosarito, 400 ó 500 adultos y niños se reúnen a estudiar y adorar. Una década atrás no había nada de esto. Usted ha ayudado a hacer esto”.
La gente interesada todavía puede apoyar llevando el evangelio a la gente de habla hispana.
DIEZ AÑOS
En el reporte de mayo del ’68 el hno. Ellis escribió un artículo titulado: “Diez Años en Tijuana”. Una página se dedicó a tratar “incidentes”. Además de los que ya se mencionaron, algunos de éstos podrían resultar interesantes.
Cientos de personas fueron bautizadas en las playas de Tijuana, Rosarito y Ensenada, pero un artículo de un periódico local reportaba que monstruos marinos estaban comiendo gente en las playas de Rosarito. Se pensaba que este aparecía con la intención de asustar a la gente para que no se bautizara allí.
Un recién nacido fue abandonado a muerte. Alguien comentaba: “No podemos salvar a todos”, pero alguien tuvo compasión de él y se alivió.
Aquellos que tienen sus roperos llenos no pueden imaginar la pobreza en la que otras personas viven o que esto existe. Una mujer dijo a otra: “Creí que tenías dos vestidos”, a lo que la otra contestó: “Los tenía, pero conocí a otra que no tenía ninguno, así que le regalé uno de los míos”, así ambas tuvieron uno. (Repetido para hacer énfasis en su importancia).
También está la mujer que no tenía comida para sus hijos, y que los envolvía en cartón a falta de cobijas.
El hijo de un hermano fue desahuciado por los médicos en Tijuana, pero fue llevado a un hospital en San Diego a recibir atención médica y comenzó a recuperarse y fortalecerse.
Una operadora de teléfonos en Tijuana llamó a la hna. Ellis tratando de pasar una llamada al hno. Ellis, y cuando ésta le dijo que andaba en Tijuana enseñando una clase de Biblia, la operadora le preguntó que a que iglesia se refería. La respuesta fue: “A la Iglesia de Cristo”. La operadora entonces exclamó: “Ustedes son los que han hecho mucho por la gente”. (Cientos de toneladas de comida y ropa eran traídas a Baja California desde California y otros estados).
Hubo reportes de cientos de viajes para que los visitantes pudieran conocer la obra en Baja California y así motivarse a ayudar.
Un domingo en la mañana, el hno. Ellis se dirigía al lado sur con el carro lleno de ropa. En una loma rocosa, el carro golpeó una piedra grande que estaba por el camino y una barra se soltó, quedando el carro con la parte trasera dañada. Él caminó hasta el lugar de reunión, y luego del servicio, el predicador lo llevó al centro a comer y a conseguir una grúa. Después de muchas horas, el carro descompuesto fue arrastrado a un taller y el hno. Ellis llegó muy tarde a casa, teniendo que regresar el lunes por el carro.
En otra ocasión, cuando el carro estaba lleno y con la hna. Ellis a bordo, el carro se detuvo y no quiso más. Ella lo condujo mientras tres o cuatro personas lo empujaron hasta cruzar la frontera, donde alguien lo podría echar a andar.
Este capítulo de incidentes podría cerrarse con un artículo de abril del ’65 titulado: “¿Hay alguien para esta labor?” (Por supuesto, no todos los días fueron como éstos, pero estas cosas en realidad le sucedieron al hno. Ellis).
Todos hemos oído que se dice: “Hay días que no vale la pena levantarse”. Incluso, algunos hermanos sugieren que les comentemos cosas más interesantes y personales. Bueno, quizás a ustedes les gustaría seguirme por uno o dos días y así enterarse.
“Viernes 9 de abril, 10:30 a.m.: salir de casa para ir a pagar a los maestros en Rosarito; detenerme con Evans en Tijuana; el director de la escuela y uno de los maestros esperándome para recibir el dinero”.
“Pero el hno. Evans había prometido ir a Rosarito y hablar con Navarro, el predicador allá, quien quería cierto capital para obtener una casa que estaba siendo reparada y que está cerca al lugar de reunión. Así que Evans y yo llegamos a Rosarito a tratar este asunto. Regresamos a Tijuana a las 12:30 p.m., al centro a pagar una factura en la distribuidora de materiales de construcción; corte de pelo, camino de regreso; comida con los Evans; clase para predicadores en la central a las 2:30, pero Federico y Benny no están en clase; después de la clase, ir con Federico, pues teníamos que verle. (Como seis millas de caminos rocosos y lodosos, aun los “dizque” pavimentados). Federico no está en casa, así que regresamos a casa de Evans; recogemos su carro; lo estacionamos en el centro; vamos con Benny, pero tampoco está en casa; su esposa dice que ha ido a ayudar a un hermano a encontrar trabajo; de nuevo al auto de Evans; en casa en Chula Vista a las 6:45, luego de ocho horas entre la lluvia, el lodo, los caminos rústicos y unas 80 millas.”
“Pero ¡esperen! Aún no hemos terminado; empezaba a comer y alguien llamó a la puerta, el hno. Scarbrough, quien era lo suficientemente amable para venir y recoger las cosas que otros habían donado y llevárselas. Le entregué las tres cajas que tenía para reunirlas con lo que él había colectado en otros lugares; llamada de Earl Douglas diciendo que él pensaba que habría demasiada lluvia para hacer el viaje que se había planeado (pero vino el domingo en la tarde con su cargamento #46 de ropa, enseres, etc.)”.
“Como a las 10 p.m. (viernes aún) me tomo un baño, suena el teléfono, mi esposa me lo trae: dos jóvenes del Blvd. York, en Los Ángeles, llaman solicitando les ayude a llevar comida y otras cosas a los hogares en Tijuana el sábado en la mañana; salgo de bañarme y me voy a la cama. (Con el teléfono al lado de la cama)”.
“3:15 a.m. suena el teléfono. Algunos de Modesto, con un pick-up cargado de fríjol y cosas así, pretendían que les ayudara a llegar al trailer de Evans y así poder dormir un poco antes de salir a Tijuana durante la mañana de ese sábado”.
“Sábado en la mañana; desayunar; rasurarme; ver el correo; a las 10:30 a.m. los muchachos del Blvd. York suben en mi auto y les llevo con Evans a Tijuana. (Evans no está en casa, sino en Chula Vista tratando de ayudar a Lozano con su auto. Fue necesario comprar otro, ya que el viejo estaba demasiado mal para ser reparado, pero los números en el motor del auto comprado en EE. UU. no tenían los mismos números que indicaban los documentos). La hna. Evans estaba en casa y le explicó que los amigos del Blvd. York querían llevar esas cosas a la gente necesitada en Tijuana. El hno. Lozano llegó (venía a imprimir su boletín para el domingo). Le explicamos lo que se pretendía hacer y lo enviamos con los del Blvd. York a entregar aquellas dádivas a la gente que él sabía que estaba en necesidad. (De interés especial a los visitantes fue el hecho de que la mayoría de las calles rocosas ya se habían pavimentado, como la que conduce a la iglesia central).
“Regresamos a Chula Vista al mediodía; comemos; como a la 1:30 pulir los zapatos para que estén “listos para mañana”; tocan la puerta; Federico, del lado sur. Alguien robó la batería de su auto frente a su casa. Quería un préstamo para comprar otra. Fui con él a la tienda tratando de obtener un mejor precio en la cooperativa. Su padre tenía una para el intercambio, pero no la traía consigo, así que le prometió que se la entregaría después; a casa; escribo estas notas para ustedes; 3:00 p.m.; tiempo para ir a San Diego a recoger mi grabadora de cinta que estaba en reparación y conseguir algunos libros en español que el hno. Evans y yo necesitábamos; 9:00 p.m.: grupo de jóvenes cristianos de Los Ángeles que querían dejarnos unas cosas para los necesitados en Tijuana…”.
“Hay alguien para este trabajo??? Salario, pues… NADA, pero recibo algunos dólares de vez en cuando y eso ayuda a pagar algunos de los gastos. (Evans y yo proporcionamos nuestros propios automóviles, hogares y gastos de manejo)”.
“Pero hay algo de consolación. Con el asunto de la batería ya resuelto, Alfredo me dijo que Evans había prometido venir al lado sur y que planeaba trabajar con él en las clases de los hogares; yo le respondo que estábamos planeando encontrar el tiempo para trabajar con él personalmente un poco más. Debían haber visto el brillo en sus ojos. Es muy difícil para nosotros estar en cada lugar donde hay una obra tanto como los obreros quisieran. Aun y cuando nuestro español es bastante malo, ellos dicen que nuestra presencia es una motivación.”
Nota: No hubo quien solicitara este empleo. Y ahora, en la cercanía de mis 82 años (a sólo unas semanas), me he ofrecido a conseguir fondos para apoyar el Instituto y estoy contando con que algunos amigos de las misiones en español brindarán su dinero y entusiasmo.
L.E.E.
ENTRENAMIENO DE PREDICADORES
Al reconocer la gran necesidad de entrenamiento de predicadores, se inició un programa en la iglesia central de Tijuana en el año 1962. Este grupo se reunía los lunes, miércoles y viernes de 2:30 a 5:30 p.m. Impartidos por John Evans, Lloyd Ellis, Bill Brown y Rubén Chávez, los cursos incluían Discurso en Público, Estudios Bíblicos y trabajo personal. Entre los que asistían a este lugar estaban Benito Flores, Federico Jiménez, Daniel Montejano, y el hno. Varela (un hombre mayor), así como otros que asistían sólo de vez en cuando. Federico tenía sólo 18 años, estaba casado y deseaba mucho estudiar. Él recibía $10.00 dlls. para vivir. Todos ayudaban con el trabajo en la iglesia, y además de esto, con estudios. Estas clases continuaron por varios años.
En la edición de nov.- dic. de 1965 está un reporte de que el hermano Ellis preparaba hojas de trabajo para predicadores que estaban trabajando. Una hoja era para fomentar que el predicador hiciera un bosquejo para cada sermón, y la otra, una bitácora de cada hora de trabajo para cada día de la semana, indicando actividades y horarios de las clases en los hogares, estudios, etc.
Estos reportes estaban diseñados para apoyarlos en su preparación personal, así como para facilitarles el enseñar mejor y desarrollarse en las iglesias donde trabajaban. Estas hojas se debían llenar y retornarse al hno. Ellis. La mayoría de ellos siguieron el plan diligentemente por mucho tiempo pero, como se esperaba, muchos se cansaban de tal preparación y organización de actividades y de constantemente registrar los días y las horas en todos los reportes, ya que esto es un trabajo arduo. Cuando algunos dejaban de mantenerse al día en esta programación, el resultado era el deterioro de su obra en la iglesia. A muchos les era más fácil la improvisación, es decir, sólo abrir la Biblia y comenzar a hablar. Muchos predicadores de habla inglesa también han hecho esto en perjuicio de si mismos y de sus congregaciones.
IMPARTIENDO CLASES BIBLICAS
Además de supervisar la obra, visitar las iglesias en E.U.A. con la intención de conseguir apoyo seguro, y las de México para fomentar el uso de los materiales de enseñanza de la Biblia, y persuadir a jóvenes a estudiar en el Instituto, el hno. Ellis y los Evans también se involucraron en la impartición de clases en las iglesias de Tijuana, así como en el Instituto. Ellos prepararon un buen número de material para usarse en clases en los templos y estudios en los hogares. La hna. Evans impartió clases para niños en el lado oeste, entrenó a un grupo de chicas en la iglesia central y también preparó material para las lecciones que se darían. El hno. Evans impartió varias clases; Ellis enseñó a un grupo de mujeres en el lado oeste, una clase para varones en la iglesia central, y ambos ayudaron tres veces a la semana a enseñar a jóvenes predicadores, como se menciona anteriormente.
Una mención especial debería hacerse a la enseñanza de la hna. Beth Reeves. En 1958, ella impartía clase a entre 18 y 30 niños con edades de infantes hasta adolescentes. Ellos cantaban canciones y los varoncitos dirigían las oraciones. Ellos estaban muy atentos a la clase y muy deseosos de aprender.
A TORREON A ESTUDIAR
En 1965, dos de nuestros trabajadores fueron despachados a Torreón a estudiar en la escuela de entrenamiento de predicadores allá. Guadalupe Vázquez, quien era uno de los diáconos en la iglesia central, con cuatro de familia para este tiempo, fue uno de los primeros. La iglesia de la avenida McDonald, en Richmond, lo asistía en esto. Alonso Ríos Chávez, con sólo 22 años, también fue. Sus ojos no estaban bien, así que tuvimos que apoyarlo para obtener anteojos. Después, tres se reunieron con ellos en aquella escuela: Federico Jiménez, con su esposa Josefina, Agustín Alonso y familia y otro joven soltero, Esteban Beltrán. A éstos se les procuró cierta ayuda de las iglesias en California y de individuos para sostenerse mientras estudiaban.
YO ME SENTE DONDE ELLOS SE SENTARON
En octubre 20 de 1966, el hno. Ellis fue a visitar Torreón por dos semanas para ponerse al tanto de las cosas y reunirse con el hno. Pedro Rivas y con los estudiantes a quienes él había iniciado años atrás. Rivas estaba ya ciego, pero seguía impartiendo cátedra. Las clases se celebraban cinco días a la semana, para un total de 84 periodos. Había un periodo de estudio o adoración en el auditorio cada noche a las 8:00 p.m., además de la reunión dominical. Los estudiantes eran entrenados en estas reuniones y así obtenían el beneficio de practicar impartiendo sermones constantemente y encargándose de la obra. Ellos además iban a ranchos y pueblos a predicar e impartir clases bíblicas.
Hubo una diferencia entre esta visita y otras; con cierta frecuencia, algún predicador de fuera que visitaba, se hospedaba en algún hotel, por lo que pasaba muy poco tiempo con aquellos a quienes les predicaba.
Pero ésta fue distinta, y así se recuerda el pasaje de Ezequiel que dice: “Me senté donde ellos se sentaron”. Ellis durmió en la habitación de un joven instructor, justo al otro lado del pasillo de donde dormían los estudiantes. Él compartió el sanitario, la regadera, los acompañó a la casa donde iban como abonados a tomar sus alimentos, y comió con ellos. Así lo hizo con algunos de los nuestros cuando comió con ellos en sus casas. Él asistió a sus clases y así vio algunos de los problemas de ambos, maestros y alumnos. El hermano Rivas y su esposa vivían abajo de los dormitorios e invitaron a Ellis a comer con ellos. Él los visitó y conversaron sobre la problemática relacionada con la obra. Él y su esposa se habían relacionado con este trabajo muchos años atrás y algunos obreros graduados de Torreón estaban ya predicando en muchas partes de México. Seis de sus ex alumnos estaban trabajando en Baja California en aquel tiempo, además de cinco que salieron de aquí.
Algunos de los predicadores, pioneros y otros hermanos
Un reporte breve de los predicadores y de algunos otros podría ser de interés. No todo está registrado aquí y se verá más información en las secciones de las iglesias. Estos están por apellido y en orden alfabético para conseguir la referencia más fácilmente.
ALONSO, AGUSTÍN.
Agustín es uno de los jóvenes que fueron a Torreón a estudiar por tres años. Él ya ha estado trabajando con nosotros y cuando regresó inició la obra en el área de La Mesa, no muy lejos del Hipódromo “Caliente” y ha permanecido allí desde entonces. La iglesia en Hawthorne lo ha estado patrocinando y ha trabajado con él para asegurar el lugar permanente para las reuniones como aparece en “La Mesa”.
Él y su esposa han preparado un sinnúmero de material para las lecciones, no sólo para el trabajo local, sino para otros lugares, incluso de México, que han usado su material. Él es uno de los predicadores que donan su tiempo en el Instituto en este ciclo escolar ’81 – ’82.
BELTRAN, ESTEBAN.
Éste fue uno de los hombres solteros que fue a Torreón a estudiar por tres años y cuando regresó ayudó en el Instituto.
BROWN, BILL.
Bill es uno de nuestros hombres de San Diego. Él estudió español en el colegio y ha servido como ayudante, intérprete y maestro en los primeros años de esta obra. Él también enseñó en la escuela de Torreón y estudió en la ciudad de México, así como enseñó allí. Él se casó con una cuñada de Agustín Figueroa.
CHAVÉZ, RUBEN.
Rubén Chávez fue el líder de los obreros con el hermano Ellis, durante los 5 primeros años de la obra, hasta que él pidió ser relevado debido a que se mudó con su familia a Nevada por un tiempo.
Muchos de los detalles de su trabajo están mencionados en conexión con los diferentes lugares, así como en la introducción de esta historia. Él fue muy entusiasta y trabajaba muchas horas de día y noche. Así fue como ayudó a muchas obras a arrancar su labor.
DURON, ESTEBAN.
Éste era otro de nuestros predicadores en la iglesia central, quien también ayudó con el Instituto durante los sesentas.
ELLIS, LLOYD E.
El hno. Ellis tenía la tarea de organizar el trabajo desde el principio de este esfuerzo en 1957, y todos los detalles se manejaron desde su oficina por muchos años, como se indica en la introducción y en otras notas.
Como se dijo anteriormente, él delegó mucho del trabajo cuando la iglesia en California decidió apoyar directamente a los predicadores y a cada congregación en la Baja, incluso cuando la iglesia de la av. Morse tomó la responsabilidad de encargarse del Instituto en el ’74. Él se ha mantenido en contacto con gran parte de la obra, y en 1982, cuando nadie más parecía estar disponible para coordinar la reapertura del Instituto, él se ofreció a hacerlo y a colectar fondos para mantenerlo en operación.
EVANS, GILBERT.
Gil ayudó con la producción de la literatura en español publicada por y desde la iglesia en av. Morse, Sacramento. Después de la muerte del hno. Evans, padre, Gil trabajó en la dirección del Instituto. Como Bill Brown, también se casó con una cuñada del hno. Agustín Figueroa.
EVANS, JOHN E.
John, un ministro del evangelio y ex empleado de una compañía de teléfono, y su esposa, Edith, visitaron junto con el hno. Ellis la obra en México y se interesaron grandemente en ella. Se vinieron a vivir a Chula vista en 1962 y continuaron con la obra hasta la muerte de John en 1978. Ellos estudiaron español y no sólo preparaban material para las lecciones, sino también hicieron viajes con el fin de interesar a otros en la obra, así que recopilar detalles sobre estos dieciséis años llenaría demasiadas hojas.
FIGUEROA, A. G. (Gus)
El hno. Figueroa, quien estaba trabajando en Oaxaca en la obra de allá, fue traído a Tiju-ana como director del Instituto y sirvió en este particular desde nov. de 1968, hasta que cedió la dirección a la iglesia en la av. Morse, en 1974.
El hno. Gus estaba eminentemente calificado para esta tarea, siendo bilingüe al 100% y capaz de organizar los diversos cursos para el plan de estudio de la escuela, lo cual hizo.
FLORES, BENITO.
Benny fue uno de nuestros estudiantes especiales. Previo a la apertura del Instituto él y su familia trabajaron en el lado oeste por muchos años. Ellos siempre estaban interesados especialmente en traer niños a la reunión, los cuales a veces eran dos docenas, transportándolos en una vieja vagoneta. Vivieron en el templo, aun cuando éste no estaba terminado. Él mismo ayudó en este trabajo y después construyó una casa en el cañón cerca de la iglesia. Él continúo tomando parte en la obra de vez en cuando, aun después de su renuncia y hasta su muerte.
El hno. Ellis condujo varias lecciones bíblicas en su casa, con la presencia de algunos de los vecinos.
JIMENÉZ, FEDERICO.
Fred era también uno de los cinco, quienes fueron por tres años a la escuela de Torreón a estudiar. Él y su esposa Josefina habían trabajado en la iglesia situada al sur antes de irse y habían asistido a las clases especiales impartidas para predicadores, en la iglesia central.
Después que regreso de Torreón, se hizo un esfuerzo para iniciar una obra en la colonia Libertad, pero esto no se materializó. Él trabajó parte de su tiempo en la iglesia del lado sur, pero Josefina murió en junio 6 de 1970. Federico ha estado trabajando en un hospital de San Diego desde entonces, más sigue viviendo en Tijuana.
LOZANO, BENJAMIN.
Benjamín fue uno de los primeros graduados del Instituto. Mientras era estudiante, predicaba en el lado norte. Él y su esposa fueron a trabajar a la congregación en Rosarito en el ’72 y ha permanecido allí desde entonces.
LOZANO, FERNANDO.
El hno. Evans conoció a Fernando en la escuela de Torreón y le persuadió a venir a Tijuana a apoyar en los esfuerzos hechos aquí. Él trabajó con el Instituto. Como ya se explicó, él ayudó a los hermanos Ellis y Evans a abrir el Instituto en 1968.
Después, él, su esposa y sus hijos Omar y Rubén fueron a Navojoa a establecer una congregación allá.
Después regresó a Tijuana y trabajó en el lado oeste por muchos años. Ellos también son excelentes trabajadores preparando material para lecciones, iniciando estudios bíblicos en los hogares y promoviendo la participación entre los hermanos.
Él fue a la calle “L”, en Chula Vista, los miércoles por la noche durante un año a enseñar clases de Biblia, antes de emigrar a los E. U. a Huntington Park, el 15 de nov. de 1981, a trabajar con la iglesia allá.
MEDINA, RUBEN.
Rubén es uno de nuestros graduados del Instituto y mientras estudiaba, ayudaba a la obra en la Zona Norte. Tras su graduación en 1972, y la reubicación de este grupo de este lugar, él y su familia fueron al área de la Miramar a iniciar una obra allí, bajo la dirección y asistencia de la iglesia en El Cajon Blvd. Él también ministra en otros lugares.
Rubén continuaba estudiando en Tijuana tratando de prepararse para el mundo de los negocios y para así sostenerse por si mismo como abogado.
MONTEJANO, DANIEL.
Daniel, un graduado de Torreón, vino a nosotros siendo aún muy joven y ha trabajado en muchos lugares. Muy brevemente él sirvió en Ensenada alrededor del año 1962; Él estuvo ayudando en el lado norte en 1966, en el lado sur en 1967, en la central en 1970, pero en el ’71, él y el hno. Luce, de Woodland Park, hicieron un sondeo en Tepic, así que Daniel y su familia se fueron a vivir allá. Pero hubo problemas, especialmente en su salud, y regresaron después de un corto tiempo.
En 1964, Daniel, y su familia fueron a visitar a sus padres a Torreón y al regresar se hicieron muchos esfuerzos para iniciar una nueva obra en Tecate, pero esto no se pudo realizar. (Un hno. Gómez, junto con un grupo de la hermandad “anti”, tenía una iglesia allí, incluso cuando Rubén Chávez estaba aquí, pero no ha habido cooperación con el resto de nosotros.)
Daniel emigró a McFarland, Ca. él con su familia han permanecido allí desde entonces.
NAVARRO, ALFREDO.
Alfredo ayudó con el trabajo en algunos lugares en los años 60, tales como en el lado norte y en Rosarito, así como predicando en otros lugares, como en el lado este en 1966. Él también ayudó con un grupo en Valle de la Trinidad tiempo después, pero no hay detalles de esto.
RAMÍREZ, VALENTÍN.
Valentín contactó a los obreros de Ensenada y charló con ellos acerca de la Biblia; aprendió que él pertenecía sólo a un grupo denominacional y quiso venir al Instituto a obtener preparación acerca de las verdades del evangelio. Él pasó cuatro años estudiando en el Instituto, y a la vez, él y su familia numerosa vivieron y trabajaron en el lado oeste, hasta que Julián Rico le reemplazó como en el año 1973.
RICO, JULIAN.
Julián estuvo trabajando en Culiacán y lo visitamos en aquel viaje que hicimos los cuatro misioneros por todo México. Lo pudimos persuadir a que viniera a Tijuana a apoyar la obra aquí.
Él siguió a Valentín al lado este y trabajó en la reparación y pintura del local la mitad del día y visitaba personas la otra mitad, hasta que el lugar fue renovado. Después de esto, él se fue a la escuela de Torreón a trabajar en aquella área.
RÍOS, ALONZO. (René)
René es otro de los cinco muchachos que fueron a estudiar a Torreón. Él era soltero en aquel entonces (’65), y tras su graduación, regresó a Tijuana a trabajar en la obra. Patrocinado por Buena Park, él y su familia han vivido en el lado sur y trabajado allí por muchos años. Él es otro de los predicadores que apoyaron en la reapertura del Instituto e impartió clases allí.
RÍOS, BALDEMAR. (1937-1999)
Baldemar no es un predicador regular, pero ha trabajado con nosotros durante este pasado cuarto de siglo. Él era apenas un jovencito cuando inició e hizo mucho del trabajo de construcción, especialmente en el Instituto. Nadie es perfecto, y frecuentemente nos encontramos con personas en las que no podemos confiar, pero se dice que Baldemar es alguien en quien puedes tener fe de que es perfectamente honesto, y que hace las cosas lo mejor posible.
Él y su familia vivían en el apartamento de arriba del Instituto; él trabajo por muchos años como coordinador del trabajo allí y también impartio clases. Algunos de sus hijos son grandes ya. Dos de ellos están trabajando y ayudando a la familia y al Instituto también con algo de sus ingresos.
VALLES, ÁNGEL.
Ángel es uno de los graduados del Instituto y ha ayudado en el lado este. Después de que el hno. Lozano se fuera a Huntington Park, Ángel quedó como predicador en ese lugar y también fue a la iglesia en calle “L” los miércoles en la noche, como lo hacía el hno. Lozano. Ángel también enseña en el Instituto.
VÁZQUEZ, GUADALUPE. (Lupe)
Lupe fue el quinto en irse con toda su familia a estudiar tres años a Torreón, en el ’65. Al regresar, vivieron y trabajaron varios años en Rosarito, pero luego se fueron a trabajar a Ocotlán, Jalisco, en 1972.
De un tiempo a la fecha, ellos han estado trabajando en Ensenada, en el segundo orfanato que opera al sur de esa ciudad.
VÁZQUEZ, SAMUEL.
Samuel es otro de los que han trabajado con nosotros por largo tiempo. Él estaba a cargo del grupo de Ensenada cuando Merced apoyaba en la construcción del edificio allá, pero de un tiempo a acá, él ha estado trabajando en el orfanato “Rancho Coronita” al norte de Ensenada.
VILLA, ISAÍAS.
Isaías es otro de los que han estado con nosotros un largo tiempo. Él se casó con Febe, una hermana de Fernando Lozano y, apoyado por la iglesia en Pomona, él y su familia han vivido y trabajado en la sección de El Murúa por muchos años. Él también nos apoya impartiendo clases en el Instituto.
Congregaciones que ya no estan en Tijuana
ZONA NORTE. 1957- Ago 1973
El trabajo de la iglesia en Tijuana en realidad comenzó en lo que hemos designado como la “Zona Norte” (1957), en esa área llamada “las Junglas”, con unas 1,500 personas de la cuadra y muchas otras viviendo en chozas de cartón (también llamada Cartolandia) en el cauce del río, el cual está cerca del cerco que divide Tijuana de E. U.
Como se describió, el primer trabajo inició en esta área durante 1957, después que el hno. Stivers y algunos otros de Pepperdine, en Los Ángeles, habían estado viniendo un sábado al mes a enseñar, y 12 o 15 habían sido bautizados.
La reunión del domingo fue iniciada por Rubén Chávez, quien vivía en Pacific Beach en ese tiempo y estaba contratado por Convair Aircraft. Estas reuniones se celebraban en la casa de la hermana Maria Ramírez, quien después solicitó que la iglesia se reuniera en algún otro lugar. Su mamá, la hermana Rosa Esparza viuda de Silva, ofreció su casa.(Oct. 1958)
La iglesia se reunía adentro sólo en climas difíciles; normalmente se reunía afuera, rodeada por gallineros, conejeras y un traspatio.
Algunos 200, que llegaban hasta la calle, se reunían para oír el sermón.
Cuando se construyó el templo central, el grupo se cambió de “las Junglas” al edificio de la iglesia central de la loma.
Otra congregación se inició después aquí, justo al cruzar la línea en la zona del río, en casa de la hna. María, quien se había cambiado a otra casa en esa área. Su madre vivía allí, en el apartamento de arriba en un edificio cercano.
Después, el grupo se reunía en un local rentado en la cercanía, con una habitación para la adoración y otra para las clases. Otras clases se efectuaban en un domicilio a sólo tres puertas de allí.
Durante ese tiempo, muchos jóvenes predicadores ayudaron en ese trabajo. Las clases se llevaron a cabo allí por algún tiempo y el 23 de enero de 1966 estaban presentes 114 personas, incluido Daniel Montejano. Muchas personas del área de California ayudaban de muchas maneras, ya fuera con ropa u otras cosas.
En marzo de 1966, la iglesia en Buena Park comenzó a mandar dinero para ayudar a Daniel. La renta del pequeño edificio era de $35 dlls. mensuales y la gente se sentaba en rígidas bancas sin respaldo. (Marzo de 1966). Un grupo de Buena Park vino y pintó el local donde esta gente se reunía, lo que los hizo ponerse muy felices. (Mayo de 1966)
Daniel se fue al lado sur y entonces Benjamín Lozano, uno de los estudiantes del Instituto, comenzó a predicar en el lado norte (Jun – Jul 1969), con la iglesia de Glendale ayudándole. Benjamín y familia fueron transferidos a Rosarito y Rubén Medina, otro estudiante del Instituto, comenzó a predicar en el lado norte con el apoyo de El Cajón Blvd., en San Diego. (Ago/Oct 1972 y Jul/Ago 1973).
Cuando las chozas de cartón (cartolandia) fueron removidas del cauce del río por la construcción del canal, esta congregación fue movida a la colonia Miramar, un área al sur por el camino a Playas de Tijuana. Con el cambio a la Miramar, algunos miembros se fueron a algún otro lado.
COLONIA OBRERA II SECC. 1961-
Iglesia de Cristo, Calle Año 1857 No. 135, Colonia Obrera II Sección. Tijuana, Baja California.
Como a tres millas en las lomas al sur de la iglesia central y detrás de las torres del canal de televisión, se hizo la compra de un lote a un precio muy económico y la obra se inició allí. ( Sept. 1961)
Cuando los hermanos Chávez y Ellis recorrieron ese lugar, nadie vivía allí aún, pero algunas familias comenzaron a asentarse rápidamente, construyendo chozas y algunas casas muy bien hechas. Así creció y creció rápidamente ese lugar con miles de familias viviendo en estos cerros y cañones.
En el lote adquirido había sólo una choza como de 3 metros cuadrados y tuvimos que construir un local de madera de unos 5 x 10m, en el cual el grupo se empezó a reunir aun y cuando pasó algún tiempo para que este lugar tuviese puertas o ventanas. En 1962 estaba en construcción. Rubén predicaba allí parte de su tiempo, al igual que en otros lugares, y tuvo ayuda alguna vez de un hombre que no permitía que los hermanos comulgaran, por lo que se tuvieron que deshacer de el.
Federico Jiménez, de 18 años y casado, quería trabajar y estudiar, así que aceptó $10 dlls. a la semana para vivir, mientras que asistía a las clases en la iglesia central, impartiendo clases en esa zona sur, viviendo allí, y terminando de construir el pequeño edificio. (Sep-Oct ’62).
Como se reporta en enero del ’63, él y su esposa Josefina estaban viviendo y reuniéndose en el mismo local, usándolo como casa y lugar de reunión. El 14 de julio, el hno. Ellis y Bessie, junto con otros visitantes, se presentaron allí y encontraron un grupo reunido de 50 adultos y unos 25 o 30 niños afuera en clase. (Reporte del 15 de julio del ’63). En ese tiempo, Federico estaba aún estudiando con el grupo de entrenamiento en la iglesia central y vivía con un presupuesto de $15.00 dlls. por semana, aunque la iglesia de Anaheim empezaría a proporcionarle ayuda adicional. (Agosto 1963).
Se necesitaba una residencia para el predicador y su familia, y en mayo de 1964 el hno. Ellis, ayudado por algunos de los trabajadores de Tijuana, especialmente Baldemar Ríos, construyó una vivienda de tres habitaciones en seis semanas, dos de 4 x 4 pies, y otro de 4 x 6 pies usando puertas, ventanas y materiales de la iglesia de la 4ta avenida en ChulaVista, Ca.
Después, dos habitaciones se construyeron, uniendo la casa y el lugar de reunión y haciéndolos un sólo edificio.
Federico, con su esposa Josefina, fueron a estudiar a la escuela de Torreón, Coah., Méx. elevando así a 5 hombres que hacían esto, antes que iniciáramos nuestro propio instituto en Tijuana. Él había estudiado por 5 años, con el grupo de entrenamiento en Tijuana.
Daniel Montejano y su esposa Raquel se cambiaron del lado norte al sur, sustituyendo a Federico.
Un baptisterio portátil fue colocado en una esquina del templo y aún sigue en uso. Durante los primeros años, eran camiones aguadores los que llenaban barriles y cisternas de la casa y también de este baptisterio.
Daniel decidió irse a Tepic e iniciar una obra allí (1971). Así que Alonso “René” Ríos y su familia comenzaron a trabajar en el lado sur, apoyados por la iglesia en Buena Park, la cual continuaba trabajando con él después de 10 años (1982). Ellos no sólo lo apoyan a él, sino visitan de vez en vez, trayendo camiones de ayuda y ropa para los niños de la congregación.
Alonso es otro de los predicadores que estaba enseñando en el reabierto Instituto.
De vez en vez se celebran reuniones de evangelización y una con oradores muy diferentes se realizó en mayo 23 – 27 del ’66.
Desafortunadamente ya no existe, ahora es un Centro de Rehabilitación para adicciones.